El ego no puede existir por sí mismo

Pompas-de-jabonEl ego no es nada más que la totalidad de las impresiones que se han juntado, no sólo en esta vida, sino a través de muchas vidas.
Recordad que el ego, en sí mismo, no es malo. El ego tiene un aspecto denso, pero tiene también un aspecto más fino. Así, aceptar el ego por él mismo, para él mismo, con él mismo, significa que utilizáis el aspecto más sutil para superar los aspectos densos del ego. El aspecto sutil del ego se puede comparar con fina tela de seda, mientras que los más densos son como la tela arpillera.

El ego no puede existir por sí mismo, no tiene luz propia; el ego toma la luz prestada, vive de gloria prestada y, por lo tanto, se engaña a si mismo pensando que puede encontrar permanencia en el tiempo y el espacio. Entonces, ¿qué hacemos con el ego? Os voy presentar una proposición completamente nueva: muchas filosofías os dicen: “Aniquilad el ego y cuando esté destruido brillará vuestro yo real. Destruid el pequeño yo y el grande se presentará”. Esto es una falsedad. Yo digo: no destruyáis el ego, preservarlo, y aun así encontrad aquello que carece de ego.

No podemos aniquilar el ego, es indestructible. Sin embargo, lo podemos extender como un pedazo de goma, podemos estirarlo hasta hacerlo transparente. Cuando está contraído, es opaco y no podemos ver la luz a su través, pero cuando está suficientemente extendido, adquiere una transparencia por la que toda la luz del Reino de los Cielos interior brilla a través del yo individual. La ventana no tiene manchas y la luz brilla a través de ella con toda su fuerza. La luz es tan potente que el cristal no se nota aunque todavía existe. Viviendo como un ser individual, uno puede encontrar en su interior el Yo real, el auténtico Reino de los Cielos y, aun con las limitaciones individuales, vivir en el silencio, la paz y la felicidad del Universo.

 

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