El propósito de la vida es encontrar la unidad.

Llamamos materiales a estas flores porque son tangibles. Decimos que el florero es material porque es tangible y perceptible por los cinco sentidos, lo podemos ver, tocar, oír y oler. Pero más allá de los cinco sentidos, que hacen que estos objetos sean materiales, hay una fuerza de unión que mantiene a dichas estructuras materiales juntas, formando una unidad. Si esa cualidad de “mantener juntas”, esa fuerza de unión, no existiese, todo se desintegraría. La fuerza de unión, aunque imperceptible e intangible, es el principal factor que está detrás de todas las formas de la materia. Cuando aprendemos a reconocer que detrás de todas las formas de la materia hay una fuerza de unión, de espiritualidad, sabremos que no hay diferencia entre materialismo y espiritualidad. Lo que tú llamas material, yo lo llamo espiritual.

Un hombre que separa lo material de lo espiritual puede llegar a engañarse. Hablando realmente, no hay separación entre lo material y lo espiritual. Sólo hay una actitud y nuestra comprensión de lo que es la materia.

El propósito de la vida es encontrar la unidad. Al encontrar la unidad, la mente fragmentada consigue una unidad que sólo puede producir felicidad. Cuando la mente de una persona se fragmenta, perdiendo toda focalización de propósito, la vida se queda sin propósito. ¿Qué haces cuando la vida no tiene propósito? Simplemente flotas a su través. No vives, sólo existes. Todo existe, pero la existencia ha de ser avivada. Por eso ponemos vida en la existencia y, por consiguiente, avanzamos en el camino hacia la totalidad.

 

 

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